Después de meses sin acudir a un cine "The Artist" era la ocasión perfecta para ver una película en una pantalla grande, cine mudo, para no tener que matarme mucho con mi nivel de inglés. De entrada el trailer de "The Iron Lady", con una Meryl Streep convertida en Margaret Thatcher, (espectacular el acento, y eso que solo era el trailer). Algo bueno tiene que tener pagar en libras, que muchas de estas películas llegan antes.
Uno piensa, todavía se siguen haciendo películas y cortos de cine mudo, está claro que no al nivel de los años 20, pero se siguen facturando y no alcanzan tanta repercusión como esta película. Entonces ¿por qué ha creado tanto revuelo "The Artist"?
Pues muy fácil, los hermanos Weinstein de "Miramax" como productores.
"The Artist" no ha llegado para renovar el cine, no es ni más ni menos que una película hecha a la antigua usanza pero sin llegar a copiar burdamente la estética del cine primigenio. Puede que el éxito que ha tenido esta película haya creado una moda de rodar cine mudo ( y bienvenida sea), pero es un error achacar dicho éxito a la mano de Hollywood esta película francesa.
Su argumento, no es nada nuevo, cine dentro de cine, su baño digital en pantalla resta encanto en el terreno de lo visual si lo comparamos con las imperfecciones de antiguas películas de cine mudo, pero su estética y su pretendido y sobrio aspecto "oldie" y sobre todo sus protagonistas le dan un enorme encanto
Pero si hay algo, más bien alguien que merezca la pena de este film es Jean Dujardin, su George Valentin es un espectáculo, con la dosis justa de verborrea que exige este tipo de cine, este hombre de rudo rostro hace que su radiante sonrisa ilumine la pantalla logrando una actuación memorable. El personaje de Peppy Miller interpretado por una fantástica (y bellísima) Berenice Bejó no es que deje que desear, pero no llega a hacer sombra a el protagonista, aunque solo por la escena de la chaqueta merece la pena. Otros personajes como el de James Cromwell o John Goodman están a la altura del film.
Su unión sin prejuicios de cine antiguo con elementos de cine moderno, su oda al cine, los guiños a múltiples películas y actores, su banda sonora, sus protagonistas, su mezcla de géneros y las sonrisas y ese inexplicable "nosequé" que solo se siente al ver cine mudo hacen que te emociones en la butaca. No hacen falta muchas palabras para definir esta película. Fantástica.
Lo mejor: Los dos protagonistas.
Lo peor: Que una lluvia de Oscar acabe haciendo que se menosprecie este film.
viernes, 24 de febrero de 2012
jueves, 22 de septiembre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
La piel que habito
Después de haber leído que en el pasado Festival de Cannes que “La piel que habito” provocó risas en la sala donde fue proyectada, cuesta entender como ha sido vendida como todo lo contrario. Al salir del cine pude entender esas risas, porque el cine de Almodóvar vive de eso, del humor en el momento más insospechado y en eso esta película no es una excepción.
Aunque sea tirar de tópico, quizás esta película, realizada por el Haneke, Lynch o Kaurismaki de turno sería rebautizada como la "jodida obra maestra", pero la ha realizado un señor de Calzada de Calatrava (Ciudad Real) y eso en un país como este es una losa bastante pesada para cualquier director, incluso para Pedro Almodóvar, empeñado en seguir filmando películas en un país que espera con los cuchillos afilados cualquier obra que presente. Se nota que a cabezonería no le gana nadie.
"La piel que habito" versión libre de la novela "Tarántula" de Thierry Jonquet, no es ni de lejos su mejor obra, no creo ni siquiera que sea nada nuevo en su filmografía, algo que siempre se dice cuando se estrena una película del director manchego, pero su mezcla de géneros en sus dos horas de metraje y los excesos propios de su cine conjugan en esta cinta lo mejor y peor de su obra, un Almodóvar que casi sin querer es más Almodóvar que nunca, en un film en el que juega como nunca con el ridículo pero por el camino deja una película de clara vocación kamikaze. Quien no arriesga, no gana, aunque esto en el cine no sea 100% necesario para triunfar.
Precisamente una de las grandes virtudes de este film ha sido que Almodóvar amplíe su habitual mezcla de estilos drama-comedia y viceversa, tomando elementos propios de la intriga o el terror, con un Robert Legard interpretado por Antonio Banderas, a cuyo personaje probablemente le sienten mejor las palabras del libro y le den un grado elevadísimo de sadismo. Aun así, su evocación de un moderno doctor Frankenstein y su personaje en sí, asustan. Su Robert Legard es más grande por lo que sugiere que por lo que muestra.
Mención especial a Elena Anaya. Me creo su "Vera" que no es precisamente un personaje nada fácil. Ella acaba siendo lo mejor de la cinta. Está soberbia cuando se contiene y descomunal cuando se desmanda, mil veces mejor que la mejor Penélope Cruz de las películas del director manchego. No es solo la cara bonita de turno del cine español, aquí hay actriz para rato.
Marisa Paredes a quien siempre se exigirá lo mejor de sí misma en el cine Almodovariano solo se deja ver en el momento de la hoguera, mientras personajes como los de Eduard Fernández y Roberto Álamo chirrían en esta película, solo que quizás tengan la coartada del libro de Jonquet, que por cierto no me he leído. Tampoco faltan los habituales colores del cine del director manchego con la fotografía de José Luis Alcaine que fue premiada en Cannes o la siempre subyugante y embriagadora música de Alberto Iglesias.
Como tratar temas como la ciencia, la transexualidad, el drama familiar o la venganza y sacar partido e incluso humor de ello, pocos pueden hacer esto sin caer en el ridículo. Inverosímil en algunos momentos, en otros realmente conmovedora, nos encontramos ante una de las películas más referencial y autorreferencial de su carrera. Una película en el que el fallo principal de Almodóvar es ser él mismo, pero de no ser así no sería más que un simple telefilm de tres al cuarto. Capaz de acercarnos al mayor horror y hacer que nos riamos con lo que hemos visto, la decimoctava película del director de películas como “Hable con ella” es sin duda una de las películas más extrañas de su filmografía. No será lo mejor que ha hecho pero “La piel que habito” tiene algo.
Lo mejor: Elena Anaya y la música.
Lo peor: Lo de "Tigrinho" por los cigarrales sobra.
Aunque sea tirar de tópico, quizás esta película, realizada por el Haneke, Lynch o Kaurismaki de turno sería rebautizada como la "jodida obra maestra", pero la ha realizado un señor de Calzada de Calatrava (Ciudad Real) y eso en un país como este es una losa bastante pesada para cualquier director, incluso para Pedro Almodóvar, empeñado en seguir filmando películas en un país que espera con los cuchillos afilados cualquier obra que presente. Se nota que a cabezonería no le gana nadie.
"La piel que habito" versión libre de la novela "Tarántula" de Thierry Jonquet, no es ni de lejos su mejor obra, no creo ni siquiera que sea nada nuevo en su filmografía, algo que siempre se dice cuando se estrena una película del director manchego, pero su mezcla de géneros en sus dos horas de metraje y los excesos propios de su cine conjugan en esta cinta lo mejor y peor de su obra, un Almodóvar que casi sin querer es más Almodóvar que nunca, en un film en el que juega como nunca con el ridículo pero por el camino deja una película de clara vocación kamikaze. Quien no arriesga, no gana, aunque esto en el cine no sea 100% necesario para triunfar.
Precisamente una de las grandes virtudes de este film ha sido que Almodóvar amplíe su habitual mezcla de estilos drama-comedia y viceversa, tomando elementos propios de la intriga o el terror, con un Robert Legard interpretado por Antonio Banderas, a cuyo personaje probablemente le sienten mejor las palabras del libro y le den un grado elevadísimo de sadismo. Aun así, su evocación de un moderno doctor Frankenstein y su personaje en sí, asustan. Su Robert Legard es más grande por lo que sugiere que por lo que muestra.
Mención especial a Elena Anaya. Me creo su "Vera" que no es precisamente un personaje nada fácil. Ella acaba siendo lo mejor de la cinta. Está soberbia cuando se contiene y descomunal cuando se desmanda, mil veces mejor que la mejor Penélope Cruz de las películas del director manchego. No es solo la cara bonita de turno del cine español, aquí hay actriz para rato.
Marisa Paredes a quien siempre se exigirá lo mejor de sí misma en el cine Almodovariano solo se deja ver en el momento de la hoguera, mientras personajes como los de Eduard Fernández y Roberto Álamo chirrían en esta película, solo que quizás tengan la coartada del libro de Jonquet, que por cierto no me he leído. Tampoco faltan los habituales colores del cine del director manchego con la fotografía de José Luis Alcaine que fue premiada en Cannes o la siempre subyugante y embriagadora música de Alberto Iglesias.
Como tratar temas como la ciencia, la transexualidad, el drama familiar o la venganza y sacar partido e incluso humor de ello, pocos pueden hacer esto sin caer en el ridículo. Inverosímil en algunos momentos, en otros realmente conmovedora, nos encontramos ante una de las películas más referencial y autorreferencial de su carrera. Una película en el que el fallo principal de Almodóvar es ser él mismo, pero de no ser así no sería más que un simple telefilm de tres al cuarto. Capaz de acercarnos al mayor horror y hacer que nos riamos con lo que hemos visto, la decimoctava película del director de películas como “Hable con ella” es sin duda una de las películas más extrañas de su filmografía. No será lo mejor que ha hecho pero “La piel que habito” tiene algo.
Lo mejor: Elena Anaya y la música.
Lo peor: Lo de "Tigrinho" por los cigarrales sobra.
miércoles, 13 de julio de 2011
Tokio Blues (Norwegian Wood)
Mi primer contacto con la obra de Haruki Murakami fue el libro que da nombre a esta película. Hoy, varios libros suyos después, pese a que todavía no me he leído todos, aunque estoy en ello, puedo decir que es mi escritor favorito.
Me gusta mucho su forma de escribir, sencilla, pero llena de matices, el japonés, no se como ni porqué siempre encuentra ese punto que hace que sus libros se conviertan en una experiencia única para el lector, ese punto en el que lo cotidiano adquiere otra dimensión, sus libros enganchan de una manera increíble.
Pero aunque existan los típicos prejuicios por llevar al cine novelas de éxito, esta película dirigida por Tran Anh Hung (Cyclo, El olor de la papaya verde) consigue un buen resultado, eso sí, siempre que no se compare con el libro. La historia narra la vida de Watanabe un estudiante japonés que se encuentra en el Tokyo de los años 60 en el que dos mujeres Naoko y Midori por decirlo de alguna manera "le traen de cabeza" (tampoco es plan de desvelar la trama) leánse el libro, que está muy bien.
Aunque quizás la elección del casting no haya sido la mejor, tan sólo Rinko Kikuchi (Babel) en su papel de Naoko logra captar la esencia de su personaje, mientras Midori (Kiko Mizuhara) no lo hace del todo mal, pero el protagonista, Watanabe (Kenichi Matsuyama) no hay por donde cogerle, se pasa toda la película con la misma cara, no me convence nada.
Una de las cosas que se echa de menos en esta película es que los personajes de Midori y Nagasawa están muy mal aprovechados, podían haber dado más juego. Pero si hay algo que me gusta de la película son sus silencios, sobre todo mientras Naoko y Watanabe pasean, en los que solo existen los sonidos de la naturaleza, esa que describe tan bien Murakami en la novela, con algunos momentos que ha trasladado bastante bien del libro a la pantalla el director vietnamita. Impagable el travelling que realiza el director cuando Naoko y Watanabe caminan por los alrededores del sanatorio mental, de lejos lo mejor de la película.
Uno de los grandes aciertos de este film es que cuenta con la colaboración de Lee Ping Bing, director de fotografía de algunas de las películas de Wong Kar Wai, que añade una paleta de colores haciendo que la película sea un deleite visual. Esa luz o falta de la misma, siempre es increíble y realmente bella.
Algunas de las críticas que ha recibido la película vienen por la música, el libro tiene multitud de referencias a temas jazz de los 60, pero se ha optado por una banda sonora (bastante recomendable) compuesta por Jonny Greenwood (Radiohead) y tres temas de Can: "Mary, Mary, So Contrary", "Bring Me Coffee Or Tea" y "Don’t Turn The Light On, Leave Me Alone". De hecho he visto carteles en periódicos promocionando esta película, en la que aparecía casi más grande que el título la siguiente leyenda: "Banda sonora compuesta por miembro de Radiohead". ¡Mother of God!.
En definitiva, si te has leído el libro y esperas una versión fidedigna, mejor que gastes el dinero en otra cosa, pero si no lo has leído seguramente te guste, porque como película posee mucha belleza estética, aunque a veces parezca realmente cursi, pero repito, si separas película de libro (no es fácil), pues oye, tampoco está tan mal.
Lo mejor: Su estética y la escena del sanatorio mental.
Lo peor: Algunos personajes están poco aprovechados.
Me gusta mucho su forma de escribir, sencilla, pero llena de matices, el japonés, no se como ni porqué siempre encuentra ese punto que hace que sus libros se conviertan en una experiencia única para el lector, ese punto en el que lo cotidiano adquiere otra dimensión, sus libros enganchan de una manera increíble.
Pero aunque existan los típicos prejuicios por llevar al cine novelas de éxito, esta película dirigida por Tran Anh Hung (Cyclo, El olor de la papaya verde) consigue un buen resultado, eso sí, siempre que no se compare con el libro. La historia narra la vida de Watanabe un estudiante japonés que se encuentra en el Tokyo de los años 60 en el que dos mujeres Naoko y Midori por decirlo de alguna manera "le traen de cabeza" (tampoco es plan de desvelar la trama) leánse el libro, que está muy bien.
Aunque quizás la elección del casting no haya sido la mejor, tan sólo Rinko Kikuchi (Babel) en su papel de Naoko logra captar la esencia de su personaje, mientras Midori (Kiko Mizuhara) no lo hace del todo mal, pero el protagonista, Watanabe (Kenichi Matsuyama) no hay por donde cogerle, se pasa toda la película con la misma cara, no me convence nada.
Una de las cosas que se echa de menos en esta película es que los personajes de Midori y Nagasawa están muy mal aprovechados, podían haber dado más juego. Pero si hay algo que me gusta de la película son sus silencios, sobre todo mientras Naoko y Watanabe pasean, en los que solo existen los sonidos de la naturaleza, esa que describe tan bien Murakami en la novela, con algunos momentos que ha trasladado bastante bien del libro a la pantalla el director vietnamita. Impagable el travelling que realiza el director cuando Naoko y Watanabe caminan por los alrededores del sanatorio mental, de lejos lo mejor de la película.
Uno de los grandes aciertos de este film es que cuenta con la colaboración de Lee Ping Bing, director de fotografía de algunas de las películas de Wong Kar Wai, que añade una paleta de colores haciendo que la película sea un deleite visual. Esa luz o falta de la misma, siempre es increíble y realmente bella.
Algunas de las críticas que ha recibido la película vienen por la música, el libro tiene multitud de referencias a temas jazz de los 60, pero se ha optado por una banda sonora (bastante recomendable) compuesta por Jonny Greenwood (Radiohead) y tres temas de Can: "Mary, Mary, So Contrary", "Bring Me Coffee Or Tea" y "Don’t Turn The Light On, Leave Me Alone". De hecho he visto carteles en periódicos promocionando esta película, en la que aparecía casi más grande que el título la siguiente leyenda: "Banda sonora compuesta por miembro de Radiohead". ¡Mother of God!.
En definitiva, si te has leído el libro y esperas una versión fidedigna, mejor que gastes el dinero en otra cosa, pero si no lo has leído seguramente te guste, porque como película posee mucha belleza estética, aunque a veces parezca realmente cursi, pero repito, si separas película de libro (no es fácil), pues oye, tampoco está tan mal.
Lo mejor: Su estética y la escena del sanatorio mental.
Lo peor: Algunos personajes están poco aprovechados.
jueves, 23 de junio de 2011
Día de la Música (Madrid) - 18 y 19 de Junio
Ya llega el calor, y con el los festivales, y llegan al norte, al sur, al este y al oeste, pero en el centro ¿festivales?, si acaso el Dcode que se celebra este fin de semana (con precios prohibitivos) o este festival que se celebró el pasado fin de semana.
Pero en lo que respecta a los conciertos, que es lo que importa, la cosa no estuvo mal, me hubiera gustado ver más pero es lo que hay. Aquí va una crónica de lo que sucedió en el Matadero:
Sábado 18:
The Pains Of Being Pure At Heart: No presté atención a Toro y Moi porque quería coger buen sitio para los neoyorquinos.
La verdad es que había un cartel bastante majo. Grupos como Caribou, Janelle Monáe, Anna Calvi o Glasvegas no están todos los días en nuestro país, y el precio, 26 euros por los dos días en relación calidad-precio no está mal, pero la organización ha sido lamentable, colas interminables, poca variedad de comida, cerveza como única opción para beber, una organización que parecía decir "dejemos que esta panda de modernos se cocine en su propio jugo", porque si a el calor axfisiante del pasado fin de semana le unimos las continuas colas que se formaban para (comida, bebida, conciertos) y también le añadimos que es un recinto muy pequeño para una gran cantidad de gente, la sensación de comodidad que se empieza a vivir en algunos festivales, aquí brilla por su ausencia.
Pero en lo que respecta a los conciertos, que es lo que importa, la cosa no estuvo mal, me hubiera gustado ver más pero es lo que hay. Aquí va una crónica de lo que sucedió en el Matadero:
Sábado 18:
Anna Calvi: Mientras entraba a el recinto, la inglesa acometía "Rider To The Sea" la primera canción de su disco homónimo, desafiando a un sol que pegaba con ganas. Canciones como "Suzanne and I", "Blackout", "Desire" o la gran versión que ha realizado del "Jezebel" de Edith Piaf sonaron en un show redondo, en el que Anna Calvi dio muestras de la gran voz que tiene y lo gran guitarrista que es, con un descomunal solo de guitarra final. Para mí, lo mejor del sábado.
The Pains Of Being Pure At Heart: No presté atención a Toro y Moi porque quería coger buen sitio para los neoyorquinos.
No sé que decir de esta banda, la verdad, es que técnicamente ofrecen buenos conciertos, pero les falta algo. Su música es un compendio de pop y guitarras distorsionadas (dejémonos de etiquetas Noise, Twee, C86), una mezcla muy atractiva y muy bien llevada a cabo en el estudio. Pero en lo que respecta a sus directos, acaban sacando su vena mas guitarrera al final, con unos principios demasiado lentos y sin excesivo gancho. Comenzaron con "Belong" el tema que da nombre a su último disco, del que tocaron canciones como "Heart in you heartbreak" o "My Terrible Friend" y canciones de su primer trabajo como "Young Adult Friction" o "Stay Alive". De menos a más, pero no acaban de convencerme en directo.
Wild Beasts: Mi veto a la música moderna, ha hecho que desconociese de la existencia de estos británicos, que a mi juicio ofrecieron muy buen concierto, habrá que tenerlos más en cuenta, fue una gran sorpresa.
Crystal Fighters: Con Vetusta Morla, decidimos salir fuera a cenar algo y cuando volvimos los británicos estaban tocando. Fue un directo raro, tocaban varios estilos sin casarse con ninguno. Desde los acordes tropicales de "Plage" a extremos más electrónicos como "I Love London". Desconozco si tocaron la divertida versión que hacen de "Fiesta de los Maniquíes" de Golpes Bajos.
Domingo 19:
Ron Sexsmith: Había oído hablar de su música, pero la había escuchado mas bien poco, por eso decidí asistir a su concierto y me llevé una grata sorpresa. Un enorme recital.
Janelle Monáe: Mientras salía del escenario Rockdelux una enorme masa de gente esperaba ansiosa el concierto de la artista norteamericana. Mi opinión es que fue un show demasiado coreografiado, pero aunque la música en directo requiere de ciertas dósis de improvisación, shows teatrales como este, se ven pocas veces. Gran concierto y gran espectáculo, no faltaron sus éxitos "Cold War" o "Tightrope" e incluso una versión del "I want you back" de los Jackson 5. Esta mujer debería vender millones de discos.
Russian Red: Después de lo que se ha hablado, que si es de "derechas" que si "La Razón", "El País", "Jenesaispop", me esperaba que hordas de modernos (ultras) boicoteasen su concierto, pero no fue así. Me importa una mierda lo que piense, me importa su música y punto. Lo cierto es que guste o no guste su música, Russian Red suele dar unos conciertos bastante decentes, acompañada de buenos músicos como Charlie Bautista. Pero programar su concierto después del recital de Janelle Monáe fue un error y todo un bajón, aunque no estuvo mal.
Caribou: Tenía muchas ganas de comprobar de lo que es capaz Dan Snaith en directo y la verdad es que no me decepcionó en absoluto. Quería escuchar el sonido acuoso de "Swim" y acabé, como todos, empapado de ese sonido, pero también de sudor. Con todos los músicos apiñados en el centro del escenario comenzó su show con "Kaili", si no recuerdo mal. Mientras, caían canciones como "Found out", "Bowls" (un auténtico aquelarre percutivo) o "Jamelia" no faltaron tampoco "Melody May" o "After Hours" de "Andorra" su anterior disco. Finalizó el concierto con sus dos temas más conocidos "Odessa" y "Sun" como gran colofón final. Equilibrio entre diversión, baile y calidad para cerrar la noche. Muy grande.
Caribou: Tenía muchas ganas de comprobar de lo que es capaz Dan Snaith en directo y la verdad es que no me decepcionó en absoluto. Quería escuchar el sonido acuoso de "Swim" y acabé, como todos, empapado de ese sonido, pero también de sudor. Con todos los músicos apiñados en el centro del escenario comenzó su show con "Kaili", si no recuerdo mal. Mientras, caían canciones como "Found out", "Bowls" (un auténtico aquelarre percutivo) o "Jamelia" no faltaron tampoco "Melody May" o "After Hours" de "Andorra" su anterior disco. Finalizó el concierto con sus dos temas más conocidos "Odessa" y "Sun" como gran colofón final. Equilibrio entre diversión, baile y calidad para cerrar la noche. Muy grande.
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miércoles, 15 de junio de 2011
¿Qué fue “lo Hipster”? – Mark Greif
“Esto está lleno de modernos”
Cada vez se habla más del fenómeno “Hipster”, pero ¿qué es un “Hipster”? o “Moderno” que es como aquí se le llama a esta gente. Este libro trata de encontrar una definición exacta de esta palabra, y aunque yerra en su propósito, deja unas cuantas ideas y conceptos sobre esta cultura bastante interesantes, pero lo “Hipster” realmente ¿es una cultura?.
En Artista del Rocomacoco, blog en el que escribo habitualmente, alguna vez he incluido algunas palabras (nada buenas, por cierto) sobre los llamados “modernos”. Hay quién me ha llegado a decir que lo mío es una obsesión insana. Pero ellos (hay pocas mujeres hipster) nunca me han hecho nada malo, quizás he tenido algún encontronazo con alguno, pero poco más, no me han quitado una novia (sería algo que justificaría mi odio), pero su forma de ser, tan prepotentes, petulantes y sobre todo tan superficiales me enerva mucho, pero, un momento, ¿qué es un moderno?
Hay tantas descripciones posibles, que es difícil darle una que se ajuste a la realidad, todos tenemos una visión distinta sobre esta clase de gente que acaba convergiendo en algún punto. A mí, por ejemplo, me parecen jóvenes que se mueven en diferentes ámbitos, me parece un error focalizar lo “Hipster” únicamente en el mundo de la música “Indie”, aunque en mi opinión, las definiciones que se plantean en este libro emparejándoles con este tipo de música son bastante acertadas. Pienso que el fenómeno “Hipster” no está anclado a un estilo musical en concreto, si no que es más una actitud, una pose, pero no actitud ante la vida, si no ante los demás, gente que con una apariencia llamativa y una arrogancia sin igual, podría parecer tener algo importante que decir pero acaba teniendo menos personalidad que un pantalón del H&M. Para ellos la música, el cine, los libros, la política o el medio ambiente son lo de menos, de la cultura popular y los diferentes tipos de música cogen lo más banal y vacuo: diferentes estéticas que adaptadas y readaptadas continuamente, se acaban transformando en su filosofía y modo de ver el mundo, toda la personalidad de un ser, volcada en su indumentaria, ¿qué mierda nos quieren vender?
Por eso no creo que el fenómeno “Hipster” sea algo genuinamente “Indie”, si no que puestos a pensar ¿por qué no hay ”hipsters góticos”? ¿o “hipster raperos”?, no es algo que solo se encuentre en las grandes ciudades, tu vecino puede ser uno de ellos, están por todas partes, me atrevo a decir que los peores son los“Modernos de pueblo”.
Si todavía estás leyendo después de esta parrafada, te pido perdón, quería hablar del tema y dar mi punto de vista, por eso he aprovechado esta ocasión para hacerlo, pero ahora quiero centrarme en este libro.
El primer paso para ser un “Hipster” es negar que lo seas, esa es una de las premisas que más se repiten en este libro, porque sí, nadie se autodefine como “moderno” o “Hipster”, incluso hay quién se cabrea cuando le dicen que es, o parece un moderno. En una situación de esas, se podría escuchar perfectamente como encoge el culo y como aprieta los puños el afectado, poniendo cara de “¡Uy lo que me ha dicho”! ¡Esto no puede quedar así! ¡Moderno yo, por favor!.
Lo increíble de este fenómeno es que cada vez se le dedican más estudios sociológicos, de hecho, este libro recoge diferentes artículos aparecidos en medios como “New York Observer” y está centrado en un simposio que tuvo lugar en 2009 en la ciudad de Nueva York, en el que diferentes artistas, sociólogos y periodistas debatieron sobre este tema.
En dicho simposio tuvieron cabida desde los primeros “Hipsters” hasta temas que van desde el capitalismo a Pavement, pasando por Williamsburg, Barcelona, Bush, Obama, la crisis económica, la revista Vice, Norman Mailer, Slavoj Zizek, la palabra “cool”, la Polaroid, etcétera.
Tocaron muchos temas, algunos realmente rebuscados y bastante surrealistas, pero aunque pueda parecer algo “hipster” la propuesta, en dicho simposio, transcrito en este libro se expusieron cosas bastante interesantes y bastante sesudas, con momentos realmente graciosos, de hecho, no dudaría en asistir a una actividad de este tipo. Si alguna vez se hace algo parecido por aquí y me entero, intentaré asistir.
El papel de la mujer en el movimiento “Hipster”, como los jóvenes de clase media-alta de Lima (Perú) escuchan la cumbia que no han escuchado nunca antes, solo porque les viene editada y comercializada desde Nueva York o “Una Historia del South Side” un artículo surrealista que firma Christopher Glazek , son solo algunos de los diferentes puntos de vista que aborda este libro, un libro que peca al añadir al título “Una investigación sociológica” porque únicamente documenta el movimiento en la ciudad de Nueva York y en algunos de sus barrios.
Mark Greif expone tres definiciones de Hipster que unidas, forman una idea bastante buena sobre lo que es un Hipster, y trata también de darle una fecha de inicio y muerte al fenómeno, pero eso quizás sea más difícil, aunque no seré yo el que menosprecie a alguien por dedicarle tanto tiempo a este movimiento (no se lo merece) porque tiene su mérito estudiar este tema y tratarlo con respeto, ¡que mira que es difícil tratarlo con respeto!.
Aunque este libro diga muchas cosas que pueden resultar obvias sobre este tipo de gente, aporta nuevos puntos de vista y los comprime en 200 páginas que no decepcionarán a nadie que le guste o le interese leer sobre el tema, los modernos han conseguido lo que querían, que se hable de ellos.
Lo mejor: Algunos momentos hilarantes durante el simposio y algunos artículos como el de Jace Clayton o Christopher Glazek.
Lo peor: Que el libro se centre en los diferentes barrios Hipster de Nueva York.
lunes, 16 de mayo de 2011
Midnight In Paris
Si hay un director al que guardo fidelidad y acudo sin falta al cine a ver sus estrenos, ese es Woody Allen. Quizás sea porque su actividad no decae y sigue sirviéndonos su película anual, aunque hay otras mil razones para acudir a ver sus películas, buenos actores, excelentes guiones, no en vano, este fin de semana ha sido número uno en taquilla en los cines de España y Francia.
La ocasión era la mejor, Woody Allen en mi venerada París, un actor más al reparto, y de los buenos además.
Aún así, ese París lírico y limpio no desentona, porque estamos ante una película de Woody Allen, no de Fernando León de Aranoa y aunque el neoyorkino quizás abuse de preciosismo, puede tomarse esas licencias porque tampoco afectan al argumento ni desarrollo del film, aunque cuando lo hace en tu tierra, como en Vicky Cristina Barcelona (ese Bardem "Latin-lover", toma topicazo) pueda sentar un poco mal.
No faltan referencias desternillantes a la política y momentos impagables como el que mantiene el protagonista con Hemingway cuando le pide que lea su obra, sus charlas con Salvador Dalí y Luis Buñuel o el personaje pedante que lo sabe todo (Michael Sheen) e incluso la "primera damérrima" Carla Bruni en su breve papel en otro film más en el que este señor con gafas de pasta de Brooklyn homenajea a grandes artistas.
Probablemente haya contado demasiado sobre la película, o no, pero es una gran obra, aunque quizás mas teatral que para el cine porque sus situaciones son pura carne de teatro, aunque ya me dirás como escenificas París en un teatro, porque Midnight In Paris es una oda a la ciudad, una oda al arte, pero sobre todo una oda a el amor, ya sea a otra persona o a uno mismo, porque a muchos nos ha pasado lo mismo que a el protagonista, cuando vas a París te quieres quedar allí.
Lo Mejor: Las conversaciones del protagonista con Salvador Dalí y Luis Buñuel y el personaje pedante.
Lo Peor: Al igual que en otras de sus películas, Woody Allen ofrece una visión demasiado preciosista de las ciudades ¿será por las subvenciones?.
La ocasión era la mejor, Woody Allen en mi venerada París, un actor más al reparto, y de los buenos además.
Así empieza la película sucesión de postales de la ciudad, donde ves su majestuosidad e incluso palpas su historia, mezcladas con el otro París, el que no sale en las películas ni guías de viaje con lugares que podrían parecer de cualquier otra ciudad.
Pero un momento, falta algo, ¡no hay turistas!, los planos están muy limpios de gente, ¡ya me gustaría pasearme así de agusto por Versailles!, porque sí, París rezuma arte e historia, pero también sus calles están llenas de turistas, es más fácil encontrar a cien guías turísticos que a un artista, sí, París es bella, pero también agobiante y llena de gente con cámaras.Aún así, ese París lírico y limpio no desentona, porque estamos ante una película de Woody Allen, no de Fernando León de Aranoa y aunque el neoyorkino quizás abuse de preciosismo, puede tomarse esas licencias porque tampoco afectan al argumento ni desarrollo del film, aunque cuando lo hace en tu tierra, como en Vicky Cristina Barcelona (ese Bardem "Latin-lover", toma topicazo) pueda sentar un poco mal.
Pero la historia va más allá, un guionista de éxito que quiere ser escritor, está apunto de casarse pero siente que le falta algo, (otro Álter ego más para la colección de Woody Allen) protagonizado por un gran Owen Wilson, cómico pero sin verborrea, que se ve cada vez más en otra realidad en la que Hemingway, Picasso, Dalí, Faulkner y multitud de artistas más son sus amigos, en la que se enamora de una modelo de Modigliani y Picasso interpretada por la bellísima Marion Cotillard. La evasión como remedio paliativo de la tristeza siempre será mas bonita ambientada en el París de la década de los años veinte, muy bien Woody.
No faltan referencias desternillantes a la política y momentos impagables como el que mantiene el protagonista con Hemingway cuando le pide que lea su obra, sus charlas con Salvador Dalí y Luis Buñuel o el personaje pedante que lo sabe todo (Michael Sheen) e incluso la "primera damérrima" Carla Bruni en su breve papel en otro film más en el que este señor con gafas de pasta de Brooklyn homenajea a grandes artistas.
Probablemente haya contado demasiado sobre la película, o no, pero es una gran obra, aunque quizás mas teatral que para el cine porque sus situaciones son pura carne de teatro, aunque ya me dirás como escenificas París en un teatro, porque Midnight In Paris es una oda a la ciudad, una oda al arte, pero sobre todo una oda a el amor, ya sea a otra persona o a uno mismo, porque a muchos nos ha pasado lo mismo que a el protagonista, cuando vas a París te quieres quedar allí.
Lo Mejor: Las conversaciones del protagonista con Salvador Dalí y Luis Buñuel y el personaje pedante.
Lo Peor: Al igual que en otras de sus películas, Woody Allen ofrece una visión demasiado preciosista de las ciudades ¿será por las subvenciones?.
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